miércoles, 28 de octubre de 2015

La soga. Alfred Hitchcock (Análisis comentado)





De inicio la película entra con una toma abierta en posición de picada,  que nos coloca como espectadores en un lugar de ciudad, con una esfera de alto nivel económico por la zona que deja ver y se entiende que es de una cultura mayor a la generalizada. 



Le suceden tres tomas distintas, en secuencia, una ventana aparentemente cerrada acompañada del audio en el que se escucha a un hombre gritar e inmediatamente nos transporta, con otra toma, dentro del departamento donde ocurre un asesinato. La toma que nos hace cómplices es un plano medio corto, enfocando la acción del ahorcado que se abre mediante un Dolly hasta el plano americano.


La visión que Alfred Hitchcock nos anima a realizar de la cinta va del plano americano al entero y el general; que dentro del desarrollo de la historia, nos hace cómplices y espectadores. En cuanto a las reflexiones en los diálogos morales y de análisis de las acciones, utiliza el plano medio corto para hacer énfasis en los gestos de los actantes así reafirmar su postura.


La secuencia de las imágenes refiere a que Hitchcock intenta grabar sin interrupciones; sin embargo, las cintas de celuloide no le permiten hacerlo y hace acercamientos a objetos y a los personajes para disimular los cortes en las secuencias.




 La disposición de los muebles y el lugar en general en esta película, sugieren que la intención del productor, es hacer una semejanza con el escenario de una obra de teatro, todos los hechos importantes dentro del filme ocurren de frente a la cámara y dando la espalda al escenario.

Entrevista a un cerrajero “¿Por qué no le pediste su autógrafo?”




En mi familia somos doce hijos, ahora una de mis hermanas ya falleció pero en aquel entonces, cuando teníamos como quince años, no cabíamos en la casa aunque donde vivíamos era de dos pisos. El ingreso precario de mi padre, la falta de comida en casa y, en general, los tiempos difíciles se sumaban haciendo complicado mantener a una familia numerosa.

Mi iniciativa me impulsó a buscar trabajo, pero no sabía hacer nada. Uno de mis tíos se ofreció a enseñarme el oficio de cerrajería; así fue como aprendí a cortar las llaves, abrir candados, cambiar la combinación de las chapas de casa y abrir puertas de carros; pero pasé tanto tiempo con mi tío que hasta aprendí un poco de plomería y electricidad.

            Después de aprender, logré que mi tío me dejara trabajar en su local, del mercado, era un buen lugar para comenzar a hacer servicios porque siempre había trabajo. Sobre todo en temporada vacacional cuando las personas salían de casa por lo que olvidaban las llaves. Mi sueldo consistía en un peso por cada cinco llaves que cortara y dos pesos por cada chapa o candado que abriera, era un buen salario para aquel entonces, yo era feliz ayudando con un poco en casa.


Pero luego crecí me enamoré de una linda chica que rentaba unos cuartos en mi casa, pero decidimos fugarnos. Con nuestros ahorros, rentamos un departamento en la colonia guerrero, a decir verdad, era un cuarto que adaptamos para tener ahí mismo cocina. Tuve que buscar empleo en otra parte, ahora necesitaba ganar mucho más pues, muy pronto me enteré que iba a ser padre.

Busqué trabajo en los anuncios clasificados de El Universal ahí fue donde vi que solicitaban cerrajeros en una plaza de Tecamachalco y ese mismo día me presenté con mi solicitud elaborada pero me hacía falta una o dos cartas de recomendación. En ese momento yo no sabía ni qué era eso, pero al llegar ahí estaba seguro de que me contratarían.
 


En la entrevista una señorita me recogió la solicitud de empleo y mi acta de nacimiento, luego me preguntó: “¿y su carta de recomendación?”, a lo que yo le contesté: “¿qué no ha leído mi acta de nacimiento?, ahí dice que mi tío es cerrajero de profesión, así que lo demás ya lo supondrá usted y lo afirmará mi trabajo.” En ese momento estaba escuchando todo el “mero, mero” que me dijo: “Está usted contratado”.

Ese mismo día comencé a trabajar para el señor Rubalcaba, un judío de mucho dinero que hizo un negocio estilo americano en el que contrató a varios cerrajeros bien preparados para ofrecer servicios a los “ricachones” de la zona.

De los primeros trabajos que recuerdo fue el que realicé en una casa de la calle Durazno, en Polanco. Era una casa grande, llena de plantas pero las únicas personas que estaban en la casa eran las domésticas y el chofer. Me dijeron que una de las puertas de la habitación principal estaba atorada, no podían abrirla. Entonces pasé a la habitación, estaba contemplando los posibles porqués cuando una señora ya adulta me preguntó: 

-“¿Qué es lo que se le va a hacer a la puerta?” 

Le dije -“¿Qué es lo que tiene?”

Entonces el gesto de la mujer cambió y hasta con voz grave me dijo:

            -“Pues, ¿No es usted quien debería saber eso?”

Terminé recibiendo un regaño de media hora, porque la señora estaba muy molesta por mi pregunta, al final logre abrir la condenada puerta y me sentí mucho mejor pues la paga valía la pena. Ese día llegué a casa y mi esposa estaba viendo una telenovela, El Pecado de Oyuki, me senté junto a ella un rato, para descansar y fue entonces que descubrí a la señora gritona en la novela, era Evangelina Elizondo.



No dudé en contarle a mi esposa lo que me había ocurrido con esa mujer de mal genio y ella me dijo: “¿Por qué no le pediste su autógrafo?” Fue entonces cuando comenzó la preguntita diaria al llegar a casa. Muchas veces no tenía mucho que contarle a mi mujer, pero otros días nos dormíamos muy tarde porque a ella le gustaba que mi crónica fuera lo más descriptiva que pudiera ser.

De mi mejor anécdota, no tengo una mejor que otra, lo mejor es  contarlas todas, pero la que más le cuento a mi esposa es la del día en que me quedé tarde en el trabajo, no había mucho movimiento por esas fechas pues recuerdo que fue en navidad. Estaba a punto de salir del trabajo cuando el patrón me llamó y me dijo que tenía una “chamba a mi medida”.

Sólo me dio la dirección, me dijo que era uno de nuestros mejores clientes, que esperaba de mí, como siempre, ser discreto y que terminara el trabajo lo más rápido que pudiera. Llegué al lugar, era un Hotel como de seis o siete pisos. Subí hasta el pent-house ahí me abrió una sirvienta; me dijo: “Quítese los zapatos para entrar, no haga mucho ruido. Pase por aquí”, me quité los zapatos, la seguí hasta la sala, la puerta del salón estaba cerrada y mi deber era abrirla.

Todo me parecía muy misterioso, el departamento no estaba amueblado, salvo por una caminadora así como algunas alfombras raras en el suelo. Mientras trataba de abrir la puerta, de la habitación aledaña se abrió la puerta de donde salió un hombre con bata y calzoncillos blancos. Era muy joven, parecía tener demasiado sueño. Caminó hasta donde yo estaba, luego me preguntó: “¿Está difícil?”, le dije: “No mucho”, (sonrió) caminó de nuevo a su cuarto, que era un muladar, el colchón de la cama estaba en el piso y había muchas cobijas regadas.

Cuando terminé de abrir la puerta, fui a la cocina con la doméstica, ahí el chofer me estaba esperando con mi pago. Ya para salir, vi en la sala un cuadro con la cara del joven y debajo el nombre de Luis Miguel, en ese momento para mí no significaba nada, pero al contárselo a mi esposa, pegó un tremendo grito y no dejó de decirme: “¿Por qué no le pediste su autógrafo?”.




Afortunadamente tuve la oportunidad de ir a trabajar para él una segunda ocasión, pero esta vez no pude verlo. Fue una noche, mi patrón me llamó a casa y me dijo que era muy urgente que realizara un trabajo con el cliente especial de la otra vez. Entonces fui, la señora de la limpieza me dejó pasar hasta con zapatos dentro de la habitación de Luis Miguel, era un caso extraordinario. El cantante había volado a Chile para recibir un premio pero su equipaje no llegó y no tenía traje de gala para hacer presencia en el evento. 

Lo que hice fue abrir la puerta de su closet donde tenía un gran número de trajes negros, que a mi parecer eran todos iguales, pero la sirvienta y “El sol” peleaban por teléfono por escoger uno apropiado. Creo que el vencedor fue un Lui Vuitton. No podía llegar a casa con las manos vacías o Bertha mi esposa se enojaría mucho conmigo. Afortunadamente el chofer me dio, junto con el pago, unas camisas estampadas con la cara de mi socio.

En el trabajo conocí de vista a muchos artistas de la época como Daniela Romo, que me regaló un champú marca Daniela para mi hija, pues le comenté que aspiraba tener el cabello tan largo como ella; también conocí a las tres integrantes del grupo Flans, a los muchachos del grupo Magneto, al prepotente Ernesto Laguardia y al señor de señores Rafael Sánchez-Navarro, aunque lo mejor de mi trabajo siempre fue poder compartirlo con mi esposa y esperar su ansiosa pregunta ¿Por qué no le pediste su autógrafo?



domingo, 4 de octubre de 2015

Mesa Redonda #Canal22SinCensura



·         “Tenemos derecho de réplica” anuncian los ex trabajadores de Canal 22
Mesa Redonda #Canal22SinCensura se realizó en el auditorio Pablo González Casanova en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM. Participaron Juan Jacinto Silva (ex director de Noticias en Canal 22), Ernesto Villanueva (Investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM), Alejandra Flores (periodista), Marco Lara Klahr (ex coordinador editorial de El Rotativo en Canal 22), Rafael López González (Lic. en Ciencias de la Comunicación) y Huemanzin Rodríguez (Reportero Cultural de Canal 22); denunciaron el despido injustificado y acoso laboral por parte de la administración de Raúl Clemoux (Director de Canal 22).

En la el evento, los participantes expusieron los motivos por los cuales fueron suspendidos de labores como trabajadores de Canal 22. Aseguraron que después de firmar dos cartas, en las cuales se exponía su apoyo en defensa de la libertad de expresión, con respecto a la censura de contenidos que ha permeado en la barra de noticias de Canal 22, fueron despedidos de manera injustificada.

Los principales objetivos de este movimiento, según explicó Ernesto Villanueva, son: “que pare la censura en los contenidos, el acoso y tácticas de sometimiento por parte de la administración de Raúl Clemoux, en contra de los trabajadores y ex trabajadores de Canal 22, el cese a la persecución laboral en contra de Guadalupe Pereira, así como el congelamiento de periodistas y los oscuros manejos editoriales”.

Convocaron a los jóvenes universitarios a defender los medios de comunicación públicos. “Los contenidos de carácter crítico forman parte neurálgica de los canales culturales y nos reafirman como ciudadanos” comentó Alejandra Flores, quien tuvo que retirarse del evento tan pronto como finalizó sus aportaciones pues fue citada a una junta con Raúl Clemoux.

Durante la conferencia se mostraron videos que han sido recolectados con mensajes de apoyo a los afectados por parte de personajes importantes del medio artístico e intelectual como: Lourdes Pérez Gay, Ana Clavel, Juan Villoro, Alejandro Solano Sierra,  Gustavo Martínez y Alejandro Solalinde.  

Los afectados aseguran que no es un conflicto laboral. Ellos están actuando en pro de la libertad de expresión y quieren hacer valer su derecho de réplica. No intentan destituir al director de Canal 22, lo que proponen es tener un proceso transparente para elegir a cada director, así lo expresó Juan Jacinto Silva.
“¿Hasta dónde debe intervenir el gobierno en un medio público?” cuestionó Juan Jacinto Silva; quien también pidió a los jóvenes que asistieron, reflexionaran sobre la credibilidad y buen juicio de una persona como Raúl Clemoux que se presenta como licenciado en Comunicación, mientras que no cuenta con un título que lo respalde.
Por su parte, Ernesto Villanueva decretó que “el problema es la ignorancia activa del director”, haciendo referencia a Raúl Clemoux, por la forma en la que actúa en el mando de su administración. El evento fue moderado por la doctora en Sociología por la Facultad, Carola García Calderón.

À bout de soufflé (comentario)



À bout de soufflé (comentario)


Esta película francesa fue dirigida por Jean-Luc Godard en 1960. Es un largometraje de montaje y fotografía, realizado en blanco y negro. Cuenta la historia de un delincuente, Michel, que roba un coche en la ciudad de Marsella y viaja a París para cobrar un dinero que le adeudan. En la ciudad de Francia vuelve a ver a su amiga, Patricia, que es una joven periodista estadounidense.

En su camino a París, Michel, mata a un agente de policía y el resto de la película huye de la policía. Pasa su tiempo con Patricia intentando convencerla de que se ha enamorado de ella y que quiere volver a acostarse con ella. Sin embargo, Patricia duda del amor que siente por Michel y durante su compañía mantienen diálogos reflexivos al respecto.

Pasado algún tiempo, Patricia descubre que siguen a Michel cuando un agente la interroga sobre el paradero de su enamorado, ella decide, en un principio, ayudarlo a escapar, incluso participa en algunos actos ilícitos; no obstante, duda que el cariño que le promete Michel sea verdadero y cambia de opinión, lo denuncia ante la policía, les da su paradero.

Durante su estancia en París, Michel, recibe ayuda de sus amigos. Cuando se entera que ha sido denunciado y que la policía está por agarrarlo, su amigo le sugiere que se vaya y que deje a Patricia. Cansado, el protagonista, decide no huir. Al tratar de darle ventajas, el amigo de Michel, le arroja una pistola para que pueda combatir ante la policía, pero no le sirve de nada porque es abatido y muere.

El montaje de la película resulta muy original, es un formato nuevo, diferente de lo que habíamos visto en las otras historias. La fotografía de este filme resalta la belleza de la ciudad y a los actores, presenta el estereotipo de los personajes, es envolvente. Tanto el tiempo como el desarrollo de este largometraje son notoriamente fluidos. Es una película finalmente romántica pero con buen gusto.